Beckenbauer

Publicado: 17/01/2024
Autor

Luis Eduardo Siles

Luis Eduardo Siles es periodista y escritor. Exdirector de informativos de Cadena Ser en Huelva y Odiel Información. Autor de 4 libros.

La escritura perpetua

Es un homenaje a la pasión por escribir. A través de temas culturales, cada artículo trata de formular una lectura de la vida y la política

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No ha existido un jugador de mayor elegancia futbolística que Beckenbauer, fallecido hace unos días. Sobre el campo no parecía un futbolista
Aquellos primeros 70 fueron años de un fútbol extraordinario. El Ajax de Johan Cruyff practicaba lo que se llamó ‘fútbol total’: juego rápido y vertical, posesión del balón, pases imprevisibles al hueco, jugadores cambiando continuamente de sitio en el campo. La memoria engaña, es muy selectiva (y no advierte de ello), pero aquel Ajax, que yo veía por televisión y alguna vez en los estadios Calderón o Bernabéu, fue el equipo que mejor fútbol ha practicado. Ganó tres Copas de Europa seguidas: 1971, 72 y 73. Luego llegó el dominio del Bayern de Franz Beckenbauer. Equipo y jugadores que durante lustros me resultaron profundamente antipáticos: el 15 de mayo de 1974, Schwarzenbeck empató la final de la Copa de Europa de disparo lejano a 20 segundos de la conclusión de la prórroga que ganaba el Atlético de Madrid al Bayern por 1-0, gol de Luis de falta directa. Han pasado 50 años y recuerdo aquel disgusto, esa larga noche adolescente de insomnio y tristeza. La extraña e incurable tristeza del fútbol, sí. Aquella final pudo cambiar la historia del Atlético pero encumbró al Bayern, hasta entonces un equipo menor, que ganó también tres Copas de Europa una detrás de otra: 1974, 75 y 76. Meses después de la desafortunada final asistí a un España-Alemania en el Calderón. No disfruté del fútbol de la ‘Mannschaft’. Ni de Maier, ni de Müller, ni de Beckenbauer, todos jugadores del Bayern. Pasé el partido desde la fila uno de la grada de Fondo Norte del Calderón gritando contra Schwarzenbeck, que le había quitado el título europeo al Atleti. Me dolía su gol. Y me sigue doliendo.

Pero no ha existido un jugador de mayor elegancia futbolística que Beckenbauer, fallecido hace unos días. Sobre el campo no parecía un futbolista, sino un personaje del mundo de Guermantes de Marcel Proust. Beckenbauer se deslizaba en su arranque desde atrás con el balón como si fuera ataviado con un frac y caminara por una fiesta de aquel remoto París aristocrático rebosante de glamour en el que una marquesa le fuese a ofrecer una magdalena como obsequio de Proust. Parecía jugar con música de fondo y con zapatos de charol. Reinventó la posición de líbero, que años después desapareció, quizás porque sin Beckenbauer resultaba absurdo mantenerla. Maradona era la impostura futbolística. Cruyff la magia. Y Beckenbauer la elegancia. Como ‘La Fugitiva’, ese sensacional personaje de ‘En busca del tiempo perdido’, Franz Beckenbauer ha abandonado la fiesta. La orquesta continuará tocando, pero los bailarines serán peores.  

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